
Necesitas tener muchas ganas y estar dispuesto a todo. Desde que tomaste la decisión y diste el “VAMOS”, comienza un plan de ahorro que no todos están dispuestos a seguir. Por ejemplo, despídete de las cenas fuera de casa y de ese lindo vestido en vitrina, pero dale la bienvenida a las horas extras en el trabajo, a memorizar rutas y a largas noches organizando viajes por tu cuenta.
Otro punto importante a tener en cuenta, es que la diferencia entre un viaje de 2 semanas y 2 meses al Sudeste Asiático puede que no sea tan grande como creías. Un viaje largo y lento es más barato que uno corto y rápido.
Si compras pasajes con tiempo, si vuelas un martes o miércoles, si pasas navidad o año nuevo en el avión y si no eliges la temporada alta, puedes terminar pagando un tercio menos que el precio original.
No todos se atreven a dejar los lujos a un lado y ahorrar para el viaje de sus vidas. Seguramente no todos “quisieran vivir como yo” si supieran que para financiar mis viajes tuve que vender mi automóvil, renunciar al único trabajo estable que he tenido en mi vida, vender bolsas de ropa usada con mis amigas y dejar mi apartamento para dormir en el negocio de mi esposo.
Si antes de ser padre, viajaste como turista te darás cuenta que vacacionar con hijos es demasiado caro. Sin embargo, si siempre fuiste viajero, tus hijos jamás serán una razón para dejar de hacer lo que amas. Un viajero lleva sus zapatillas hasta que se rompan, ya que se las ingenia para gastar lo menos posible y mantenerse durante más tiempo en la ruta. Yo creo que viajar es sinónimo de aprendizaje porque te entrega valores que una escuela no te enseña. Por esta razón, para mí es muy importante que mis futuros hijos sí viajen.
